Ya está, ya ha llegado, el fantasma Tutankamon se infiltra en la economía y amenaza con volvernos a todos locos. De repente, aquella perorata de la economía ortodoxa sobre el comportamiento racional de los agentes económicos en un mercado de competencia perfecta se vuelve polvo de Gizeh y descubrimos que no somos más que lo que ya nos temíamos: seres histéricos, adocenados y de comportamiento gregario. ¿Que la gasolina está cara? Pues a gastar. ¿Que tú compras? Pues yo más. ¿Que decían que estamos en la sociedad de la información y la tecnología? Pues resulta que al final la economía se mueve en camiones.
lunes, 9 de junio de 2008
Tutankamon en las gasolineras
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