martes, 24 de junio de 2008

La hormona de la innovación

Esta mañana hemos visto en Bilbao a Guido Stein, profesor del IESE, como parte de los preparativos de la VII Global Business Conference, en un evento llamado "La hormona de la innovación en las organizaciones", haciendo un simil con las funciones relacionadas entre el sistema nervioso central y las partes del cuerpo. Esta analogía ya la habíamos visto también con Jeffrey Sachs y su clinical economics publicado en The End of Poverty. Es la analogía orgánica de aprovechar lo que tienes (al menos una idea), con tus recursos y posibilidades, en tu contexto.

Estas analogías nos gustan para pensar en cómo sacar del sarcófago a una momia. En este blog, y el ambiente piramidal enrarecido que le rodea, teníamos un par que les hemos querido dar un par de vueltas. Después de la analogía orgánica vemos la necesidad de aclarar algunos conceptos.

Por ejemplo, si el cerebro es el que dirige, usando las analogías anteriores,
¿todos podemos ser cerebros? ¿Todos podemos tener órganos a los que dirigir? ¿Cómo compramos órganos? Sin lugar a dudas esta fue una de las preguntas que Moisés se hizo para salir de su atribulada situación de esclavitud. Si las recetas de los libros, que alguna vez fueron diagramas de Venn, estrategias competitivas de Porter, reingeniería de procesos, hasta los 7 hábitos de la gente efectiva o "quién se comió (o robó) mi queso", no vemos en la innovación el contexto que dibuja el camino de migajas para salir del desierto y caminar a la tierra prometida? ¿quién nos va a seguir?

Claramente hay que andar por el camino solos. Esta andanza requiere arriesgarse y apostar. Los círculos que nos rodean también nos limitan, ya sea al interior de la empresa, donde las ideas que se generan requieren de un canal de desarrollo, para evitar el tema de "mis ideas son mías" en un extremo, y "las ideas son de la empresa" en el otro. En otro ámbito, la Cámara de Comercio de Gipuzkoa ha decidido tomarlo con otra filosofía, y acercar el problema a través del teatro con "El Hermanastro", que presenta los problemas de la empresa familiar. Lo que queda claro es que desarrollar un canal dentro de una empresa, ya sea familiar o multinacional, tiene un componente claro de retribución económica por una parte, y por otra, la posibilidad de alimentar tus ilusiones. Eso si, espero que mis ilusiones si sigan siendo mías (aunque no sé quién puso ese mini cooper en mi cabeza).

2 comentarios:

Manu dijo...

Enrique:

Gracias por la crónica, que es tuya en realidad más que mí. Sí, definitivamente, nunca más pienso decir "la-palabra-que-empieza-por-i", me cansa, lugares comunes casi siempre, justificadora de todo. Es como "la-palabra-que-empieza-por-s", ahora todo es sostenible e innovador.

Ya sabes, tenemos la ECO-INNOVACIÓN, al menos mientras alguien saque un libro que nos líe la cabeza con el queso, venus, martes, etc. y justifique que debemos llamarla INNOVACIÓN SOSTENIBLE.

Sí, ya sé, como dice Iván Ferreiro, "mis vomitonas me convierten en un descarado", pero es que lo noto: ya no voy a jornadas ni congresos, simplemente porque creo que llevamos diez años repitiendo lo mismo en todos los lados, oyendo los mismos discursos, siempre con el maldito power point, ad nauseam, como sueles decir.

Bajo en Carbono dijo...

Vamos a acuñar el término a evitar entonces, que sea SI (sostenible e innovador). Quizá si dejamos de usar esta sílaba podríamos dejar que nuestra semántica (web?) nos ayude a ser más creativos. Claro, ya habrá alguno que nos tachará de negativos por no podes usar esta sílaba.

Algo que mencionó Stein ayer era la dificultad que teníamos todos en innovar, si todos leíamos lo mismo, íbamos a los mismos congresos, habíamos tenido educación semejante, y recibíamos los mismos boletines.

Insisto, tenemos que llevar la SI a lo concreto, y sin power point. ¿Quién se atreve?