jueves, 8 de mayo de 2008

la historia de la humanidad y el método tutankamon

Como bien apunta una nota en este mismo blog, me recuerda este método tutankamon al proceso de embalsamar algo precioso -un faraón-, y tal como lo describiera la agencia EFE: “increíble, impresionante, muy impactante. El rostro está muy bien conservado, y cuando entras da la sensación de que aquello realmente existió”. ¿Cuántas ideas hermosas de cambio en nuestra vida diaria, en nuestro trabajo no se han quedado como Tutankamon?

Me parece fundamental para entender este proceso para observar -desde fuera-, o practicar, -desde dentro- cómo la innovación se estanca, en un lecho que se llama comfort, o autocomplacencia del ombligo. Nos recuerda a los procesos de mejora continua, a la innovación en producto, a la gestión integral, a los customer relationship management (CRM) y enterprise resource planning (ERP), o a lo que en otra época llamamos paradigmas, estrategias competitivas, ideas-fuerza, re-ingeniería de negocios, marco lógico, y tantos procesos que nos hemos encargado de dirigirles a sacar la sonrisa al jefe, y no a las soluciones. Al final creo que nos perdemos de la máxima de la geometría que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta. Y nos perdemos en saber dónde está el punto de partida, y el de llegada.

En estas líneas se me ocurre pensar, desgraciadamente, que se invierte más en pensar en la innovación, que innovando; más en las estrategias para mejorar un producto, que realmente mejorándolo; que hablamos de sociedad del conocimiento, pero que no lo generamos, sino que lo repetimos, regurgitamos, parafraseamos, ad nauseam.

1 comentario:

Manu dijo...

Jon, tienes razón; no sé dónde escuché que a lo largo de nuestra vida, la mayoría de las personas llegamos a tener dos o como máximo tres ideas, pensamientos realmente originales y propios. El resto son todo repeticiones, hipertextos sobre conocimienbtos anteriores, variaciones sobre el mismo tema en la Scala de Milán.