El fin de semana salía en El País, la despedida de la clase media española, por la sucedánea clase de los mileuristas. En México hemos visto con gusto la ascención a la clase de los mileuristas, citando:
Los países dejan de ser pobres no por el puesto que ocupan sus millonarios en el ranking
de los más ricos -de ser así, México o la India estarían a la cabeza
del mundo dada la fortuna de sus potentados-, sino por la extensión de
su clase media.
de los más ricos -de ser así, México o la India estarían a la cabeza
del mundo dada la fortuna de sus potentados-, sino por la extensión de
su clase media.
En México, hacerse el equivalente a mileurista es tener un coche, alquilar casa o compartirla. Tener un celular / móvil. Internet de banda ancha. Televisión por cable. Y sobre todo, saber que tu generación nunca podrá tener los estándares de vida que tuvieron tus padres, a pesar de haber pasado mucho más tiempo en sistemas educativos.
Por último, ayer terminó la temporada de futbol. Claramente necesitamos nuevos dioses, nuevas adoraciones, nuevas ilusiones, porque estas que nos anuncian con las elecciones y las enfermedades ya no venden.
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