Este sitio ha ido sufriendo una especie de deslocalización de las momias. En su momento dos momias instaladas en la campa de Erandio, en las profundidades de los cementerios de la industria, y donde los servicios han vuelto a ocupar sus espacios encontraron un mensaje que sólo algunos místicos han podido descifrar: el antiemprendizaje.
En el último post hablamos de la industria del miedo. Cosa que se nos ha metido bastante a través de religiones y políticos, particularmente el miedo al futuro inmediato. Si en su momento vimos el antiemprendizaje como una reacción a los procesos de lavado de cabeza, reingenierías, hábitos de gente efectiva, innovantes (esa palabra no existe, pero me niego a usar la otra que tiene más de 24 millones de entradas en Google, porque cuando una palabra lo es todo, y nos innunda, también es nada, el vacío, un hueco.
Pues si el antiemprendizaje es nuestro intento de poner los pies en la tierra para la creación y puesta en marcha de empresas con un mínimo sentido humano, la industria del miedo es la reacción a las promesas de futuros insostenibles que hoy nos ronda la crisis, que dicho sea de paso, esta momia nació en crisis y no ha visto un sólo periodo de auge en su vida. La industria del miedo es una que incluye a los medios de comunicación, a los tenedores de recursos financieros o especuladores, a quienes tienen las llaves del coche, y a todos a aquellos que tienen una posición de dominancia.
El punto es que este miedo ¿no es el mismo miedo del antiemprendedor? ¿No es la industria del miedo una verdadera mina de oro para nuevos negocios? ¿No lo ha sido nuestra consciencia reflejada en nuestro consumo? Ahora más que nunca, esta nueva crisis es un caldo de cultivo maravilloso para crear, buscar, romperse la cabeza..., y comer mortadela.
El miedo global
Los que trabajan tienen miedo a perder el trabajo.
Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo de caminar y
los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a la falta de armas,
las armas tienen miedo a la falta de guerras.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y
miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones, miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura,
al tiempo sin relojes, al niño sin televisión,
miedo a la noche sin pastillas para dormir y
miedo al día sin pastillas para despertar.
Miedo a la multitud, miedo a la soledad,
miedo a lo que fue y a lo que puede ser,
miedo de morir, miedo de vivir. (Eduardo Galeano)
Extracto de La industria del miedo:
el falso dilema entre seguridad
o libertad (Revista Ecosur)

En el último post hablamos de la industria del miedo. Cosa que se nos ha metido bastante a través de religiones y políticos, particularmente el miedo al futuro inmediato. Si en su momento vimos el antiemprendizaje como una reacción a los procesos de lavado de cabeza, reingenierías, hábitos de gente efectiva, innovantes (esa palabra no existe, pero me niego a usar la otra que tiene más de 24 millones de entradas en Google, porque cuando una palabra lo es todo, y nos innunda, también es nada, el vacío, un hueco.
Pues si el antiemprendizaje es nuestro intento de poner los pies en la tierra para la creación y puesta en marcha de empresas con un mínimo sentido humano, la industria del miedo es la reacción a las promesas de futuros insostenibles que hoy nos ronda la crisis, que dicho sea de paso, esta momia nació en crisis y no ha visto un sólo periodo de auge en su vida. La industria del miedo es una que incluye a los medios de comunicación, a los tenedores de recursos financieros o especuladores, a quienes tienen las llaves del coche, y a todos a aquellos que tienen una posición de dominancia. El punto es que este miedo ¿no es el mismo miedo del antiemprendedor? ¿No es la industria del miedo una verdadera mina de oro para nuevos negocios? ¿No lo ha sido nuestra consciencia reflejada en nuestro consumo? Ahora más que nunca, esta nueva crisis es un caldo de cultivo maravilloso para crear, buscar, romperse la cabeza..., y comer mortadela.
El miedo global
Los que trabajan tienen miedo a perder el trabajo.
Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo de caminar y
los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a la falta de armas,
las armas tienen miedo a la falta de guerras.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y
miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones, miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura,
al tiempo sin relojes, al niño sin televisión,
miedo a la noche sin pastillas para dormir y
miedo al día sin pastillas para despertar.
Miedo a la multitud, miedo a la soledad,
miedo a lo que fue y a lo que puede ser,
miedo de morir, miedo de vivir. (Eduardo Galeano)
Extracto de La industria del miedo:
el falso dilema entre seguridad
o libertad (Revista Ecosur)

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